Para el experimento, realizado en un céntrico parque de París, dos investigadores vestidos con batas de laboratorio de distintos colores, alimentaron a varios grupos de palomas salvajes. Uno de ellos permaneció impasible mientras las aves comían a su alrededor y el otro mantuvo una actitud agresiva hacia las aves. Esta prueba se volvió a repetir sin que ninguno de los científicos tratara de asustar a las palomas.
Este experimento, que se repitió varias veces, mostró cómo las palomas eran capaces de reconocer a los dos individuos, alejándose del que las había espantado incluso cuando este dejó de hacerlo. Los intercambios de batas tampoco despistaron a las palomas, que siguieron evitando al individuo hostil.
"Teniendo en cuenta que los investigadores eran del mismo sexo y tenían una constitución similar", explica la investigadora de la Universidad de París Oeste Dalila Bovet, una de las autoras del estudio, "lo más probable es que las palomas hayan identificado a los individuos por sus rasgos faciales, en lugar de hacerlo a través de la ropa".
De cara al futuro, los investigadores tratarán de identificar si la habilidad de las palomas de diferenciar a los humanos tiene una base genética o si ha sido el resultado de un aprendizaje, debido al hecho de vivir durante tanto tiempo en entornos urbanos.
Informa el GENERAL GALLO
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